Escena cuatro

A esta damisela y su corsario se les va terminando el año.

¡Puf! Tiempos intenso si los hay. Año de la zambullida definitiva, la que ya no usa el punto de partida como referencia, solo dedicarse al buceo inesperado. Aparecieron muchos impulsos creativos de nuestra parte, que nos regalaron encuentros de todo tipo, y también muchas invitaciones que nos llenaron de alegría amiguera.

Nuestro impulso de desempeñarnos con los libros y la música como mediadores de lectura —en un sentido amplio, o más bien artístico del término— se nos tornó indispensable. 

Como compartí en la escena uno, el término mediadora no me encanta tanto, creo que al corsario en cuestión tampoco, nos da la sensación de estar en el medio de algo, haciendo de «paleta» digamos.  ¿Ser mediador de lectura es estar en el medio, de «paletas», entre los libros y los niños? Les diría ¡puaj!, perdón anticipado a los que se ofendan y tengan argumentos geniales al respecto. Cuando empecé este camino, se nos llamaba «animadores de lectura», término que se dejó de usar por emparentarse con quien grita juegos en un cumpleaños infantil para entretener a los niños mientras que los adultos los desatienden. Bué, ya me peleé con los mediadores y con los animadores. Un abrazo para ambos. Si mi desfachatez no alcanzó para que me disculpen el atrevimiento, les cuento que en casa todos tenemos apodos y a mí me tocó «amorosis», espero que sirva de atenuante.

Volviendo al punto. Como no queremos estar en el medio, entre los libros hermosos que nos ofrecen brillantes autores y los niños bombones que hemos conocido y que seguimos conociendo, consideramos apropiado alejarnos de cualquier recomendación, enseñanza, aplicación y/o didactismo. Sobre todo pensando en que no hemos llevado de manera muy ortodoxa nuestra tarea de acercar los libros a los niños, en especial a los bebés.

Anécdotas representativas:

—Hola, Gabi, ¿cómo andás? Te quería contar que mi chiqui, desde que fue a la bebeteca está como loco con los libros.

—Ah, ¡qué bueno!, cuánto me alegro.

—Sí, sí. Pasa todo el día con ellos.

—No sabés cuánto me alegro.

—Es muy cómico verlo, porque en realidad no llega a mirar las páginas.

—¿Cómo que no llega a mirar las páginas?

—Y no, porque viste que vos andás siempre media agachada, mostrando el libro entre tus piernas a altura bebé, o gateando, te movés y lo llevás con las páginas abiertas hacia adelante, no hacia tus ojos.

—Sí, claro.

—Bueno, él hace lo mismo. Se pasea por la casa medio como agachado, mostrando el libro para adelante a sus bebés imaginarios.

 

 

—Ay, Gabi, no sabés. Si un día no podés hacer la bebeteca avisanos que ya tenés suplente. ¿Viste cuando terminás un libro, que vos lo llevás para atrás girándolo como si hiciera piruetas en el aire y después desaparece? Bueno, nuestra gorda hace lo mismo. Se sienta en el piso, los muestra para adelante de ella sin mirarlo, atendiendo a un público imaginario, y después los gira para atrás como haciendo un mortal.

 

 

—Hola. Te queríamos agradecer la experiencia hermosa que pasamos con mi hija y mi sobrino en la bebeteca. Quedaron muy contentos, no paran de decir que fueron a la biblioteca a jugar con los libros. Desde que volvieron de ahí pasan ordenando los libros en castillos y derrumbarlos contra el piso.

 

¡Plop!

 

Bueno, yo creía que nuestra tarea tenía que ver con acercar los bebés a los libros y no con transformarlos en el reclame de Chele calzados —extranjeros, muy jóvenes o no miradores del Canal 5, pedir explicación al respecto—.  Les puedo decir, que a pesar de nuestra idea original, los resultados son variados y que no siempre este acercamiento tiene que ver con mirarlos por dentro.

Me muero de ternura con estos y otros cuentos que nos llegan. Y si ser mediadora de lectura tiene que ver con que somos el medio en el que los libros viajan, bueno, ahí sí, ahí es otra cosa. Así como las acuarelas tienen como medio el agua, los libros y los niños tienen como medio para desplegarse a gente rarita como nosotros que creen que los libros y los libres tienen todo que ver —y no por el reciente uso de la terminación de las palabras en «e»—.

 

Aviso para madres, padres y tutores: la única recomendación que estamos capacitados para dar es la de no acercarse a nosotros si pretenden que su bebé se adiestre en un «correcto» uso del libro, en nuestro medio puede que explore fuera de lo esperado.  

 

2 respuesta a “Escena cuatro”

  1. Como siempre ,,,una escritura desfachatada…con algunos toques de misterio, algo que puede dar lugar a varias interpretaciones…pero al avanzar se aclara…Maravillosa las anécdotas y como una excelente «mediadora» (o como se llame) despierta con el mismo libro sentires y haceres diferentes según las edades.
    Maravillosa y sensibilizadora tarea- Los felicito edith

Responder a Gabriela Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *